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A movida dunha mocidade que se gardaba da chuvia. Crítica sobre «Vigo a 80 revolucións por minuto» de Emilio Alonso

A Revista Lecturas publica unha recensión crítica de Miguel Carreira sobre Vigo a 80 revolucións por minuto de Emilio Alonso.

 

Una advertencia previa, algunos apuntes de esta reseña seguramente resulten innecesarios, por obvios, para el lector español, pero presumo que sí serán necesarios para los demás. Decir qué es la movida por ejemplo, será, en España, poco menos que redundante. Quizás no lo sea tanto explicar qué es la movida viguesa, sobre la que trata este libro de Emilio Alonso, e incluso quizás no sea del todo improcedente intentar contextualizar algunos puntos acerca de la propia ciudad y sus, digamos, particularidades dentro de Galicia.

Empezemos por la movida. Antes, otra advertencia: vamos a empezar a definir la movida viguesa por donde seguramente no deberíamos empezar jamás, por la movida madrileña. Esperamos que al final de este artículo se admita que había una cierta necesidad de ello.

A principios de los ochenta España vivía algo así como un segundo despertar. El primero, claro, había sido la llegada de la democracia. Después del franquismo, después de las luchas callejeras, las manifestaciones, la esperanza democrática, la incertidumbre; después de la democracia, España y, sobre todo, los miembros más jóvenes del país, empezaban a cuestionarse a dónde habían llegado. Pasado un lustro del final de la dictadura, en medio de una crisis económica creciente y desconcertante (por qué les pasan crisis malas los países buenos) alguien se dio cuenta de que aquella juventud estaba creando unas nuevas formas de arte, más conectado con las corrientes internacionales, más superficial, más consumista.

A esta sensación de desencanto juvenil hay que sumarle el hecho de que el arte se sentía liberado después de la dictadura. Con el final de la censura los artistas se encontraron, para su pasmo, con que todo era posible y la estética evolucionó de forma explosiva desde el “todo es posible” al “todo es valioso”. Si algo se podía hacer se debía hacer. El arte se tomaba su revancha y, sobre todo a nivel popular, se transformó en un arte alambicado, menos comprometido que el arte político de los setenta, también más divertido. Era un arte que apelaba al consumismo y al hedonismo, que se encontró, de sopetón, con toda una avalancha de influencias llegadas del exterior: el rock, el pop, el glam… lo que en Europa se había ido asimilando y a veces desechando en dos décadas se convirtió dentro de España en una copa rebosante que había que apurar.

En Madrid alguien consideró que estas coordenadas eran parámetros comunes, que se podía hablar de una generación. Se empezó a hablar de la movida madrileña y, casi en seguida, algunos empezaron a poner la etiqueta en cuestión. No estaba claro si la movida era realmente un movimiento y, si lo era, no estaba claro que fuese realmente un movimiento artístico y no un movimiento sincronizado, preparado. Los principales sospechosos, las clases políticas, interesadas en olvidar o, al menos, disimular la primera gran crisis democrática del país, la crisis de la reconversión industrial en la que los españoles vieron, por primera vez, cómo la izquierda se plegaba a las directrices del mercantilismo económico.

La movida también tuvo sus defensores, aunque, como idea, poco a poco empezó a ser abandonada precisamente por aquellos que eran considerados sus cabecillas. La mecha se quemaba por los dos extremos. A un lado, los que estaban fuera, los que no habían entrado en el epicentro del movimiento y que, por resentimiento o por convicción, lo atacaban como una mera superchería. Al otro extremo, desde el centro mismo del movimiento, quienes consideraban el término movida una etiqueta reduccionista, simplificadora, domesticadora de la efervescencia que reivindicaban.

Y a setecientos Km de todo Madrid, Vigo.

Volvemos a hacer notar que algunos comentarios aquí serán innecesarios para el lector español, que ya sabe que Vigo es una ciudad de Galicia, en la frontera misma con Portugal. Vigo es la ciudad más populosa de Galicia, aunque apenas llega a 300.000 habitantes. A pesar de su población Vigo no es la capital de Galicia (lo es Santiago) ni siquera la de su provincia (lo es Pontevedra). Vigo es una ciudad nacida y criada en torno a la actividad económica, en torno al puerto, lo que la convierte en toda una curiosidad dentro de Galicia donde las ciudades, son antiguas y, durante mucho tiempo, sobrevivieron como centros administrativos, religiosos o de articulación del entorno rural.

Dentro de la particularidad que Galicia supone para el estado español, Vigo supone una particularidad para Galicia. En primer lugar, por su situación geográfica. Limítrofe con Portugal, esta situación fronteriza siempre ha sido resaltada, tanto por los vigueses como por los habitantes de otras ciudades de Galicia en las habituales disputas internas. En una entrevista los integrantes del grupo vigués Siniestro Total declararon:

Portugal es laúnica reserva intelectual que le queda a Vigo, es lo único que tenemos firme como conciencia viguesa. Probablemente los portugueses nos rechace, al fin y al cabo ellos ya colonizaron Brasil, pero nosotros seguiremos luchando por la anexión.

No es que haya que tomar en serio todo lo que dicen los integrantes de Siniestro Total. En otra de las entrevistas aportadas por Emilio Alonso en su Vigo a 80 revolucións por minuto estos afirman que son percebes que han aprendido a tocar un poco la guitarra.

En cualquier caso, la situación geográfica es sólo uno de los elementos que da originalidad a Vigo. Otro, quizás más decisivo, es el hecho de que, por su origen y por su desarrollo es probablemente la única ciudad gallega de raíz capitalista. El crecimiento real de Vigo empezó gracias a su situación privilegiada de cara al océano atlántico y su gran catalizador moderno fue la instauración de la fábrica de Citroen.

A diferencia de Santiago, que se entiende a sí misma como una ciudad histórica, como una reserva espiritual de la galleguidad, o de Lugo, que se entiende a sí misma ligada a su tradición rural, Vigo se ve a sí misma menos como una ciudad que “ha sido” y más como una ciudad que “es”. Vigo es, seguramente, la ciudad de Galicia que vive menos en su pasado y más en su presente. Sin perder su chauvinismo -un sentimiento por lo general bastante arraigado en Galicia- los vigueses son los habitante de Galicia más abiertamente dispuestos a criticar su propia ciudad.

Todo esto sirve sólo para caracterizar la ciudad en la que, por alguna razón que al final es inasible, una serie de grupos musicales empezaron a despuntar a principios de los ochenta. Se trataba de jóvenes que, como en Madrid, habían sufrido una exposición súbita a todo tipo de influencias exteriores y un sentimiento acusado de liberación. Jóvenes que montaban grupos fugaces, que tocaban en varias formaciones a la vez, que escuchaban música anglosajona y descubrían las virtudes pseudoartísticas de la moda o la peluquería. A diferencia de otros grupos intelectuales de Galicia no estaban excesivamente influenciados por el galleguismo, pero tampoco reaccionaban contra él. Vigo sufría una reestructuración económica particularmente agresiva. En la ciudad empezaron a abrirse bares en los que se fraguaba una actividad inusual y, en algún momento, alguien pronunció la palabra. Había nacido la movida.

Si en Madrid el término era discutible, en Vigo no lo podía ser menos. Al contrario, no faltó quien vio en el apelativo una mera táctica para vincular de forma artificial dos movimientos que habían partido de condicionantes similares pero se habían desarrollado de forma independiente. ¿Hasta qué punto utilizar el mismo nombre no implicaba únicamente una vinculación, sino también un cierto vasallaje respecto a la capital?

Emilio Alonso acierta al no intentar buscar en su libro unas bases programáticas o un sustrato ideológico que cimentase la producción musical que se dio en Vigo por aquellos años. Se centra en lo que pasaba, en la efervescencia, en grupos que aparecían y desaparecían. En el mejor sentido de la palabra, el libro se centra en el periodismo y no en la historia. No intenta recomponer el rompecabezas, porque, sospechamos, sabe que al final no hay una figura reconocible. No merece la pena forzar las piezas para que encajen cuando se han montado por separado. Entre la galerna de actividades que se desataba una frase puede ser esclarecedora para entender lo que era aquella movida:

Llovía bastante cursi sobre la vanguardia y pusimos un ejemplar sobre nuestras cabezas para evitar la radioactividad de una época que se había convertido en un hipermercado.

Aquella movida seguramente fue, sobre todo, eso, jóvenes resguardándose de la lluvia. Los lectores españoles ya lo sabrán, pero, para los demás, puede ser necesaria una puntualización: en Galicia la lluvia no arrecia nunca.

Siniestro total
https://www.youtube.com/watch?v=xQCIU9Kp3Vc

Os resentidos
https://www.youtube.com/watch?v=pEB4XYXiSzs

Golpes Bajos
https://www.youtube.com/watch?v=RrqX7V6GOYY

Aerolineas Federales
https://www.youtube.com/watch?v=t_WF_AqK_Yc&feature=related

Bromea o qué?
https://www.youtube.com/watch?v=4TfaRtPQkCM&feature=related

Def con dos
https://www.youtube.com/watch?v=JC55_uUcWQM

Semen up
https://www.youtube.com/watch?v=s5J5QGP28ng

Los cafres
https://www.youtube.com/watch?v=u7PRo-Fu0DM

Moncho e mailos sapoconchos:
https://www.youtube.com/watch?v=awKVKIq2H6I

 

 

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